By J.Manuel -elreylagarton- 17 diciembre, 2020 In Insumisiones, Personal

¡QUÉ SE JODA EL 2020!

Sí, que se joda. Frente a todo pronóstico parece que le tenemos prácticamente superado aunque aún nos queda por dentro ese run run en el que piensas en las infinitas posibilidades que aún puedan existir para que en estos próximos y últimos 15 días de 2020 nos provoque de nuevo alguna desagradable sorpresa.

Yo comenzaba 2020 con euforia, la lectura de este “veinte veinte” era preciosa y en mi corazón latía ya con fuerza el que pensaba sería mí proyecto de resto de vida, ya me había decidido a abrir una escuela de fotografía. El COVID, el confinamiento, la situación socio-económica que se desarrolló desde bien temprano el 2020 lo echó todo por tierra. No tenía sentido embarcarse en un proyecto de esa envergadura en los momentos que vivimos durante este 2020 y ahora se me ha apagado el fuego de compartir.

En el 2020 decidí abandonar mi presencia activa en redes sociales -sigo teniendo twitter pero allí ni hablo ni muestro fotografía-, en esas redes que compras ego y pagas con esclavitud.

En el 2020, más que en ningún otro año anterior, aprendí que aquellos fotógrafos a los más admiro han pasado a la historia de la fotografía por el interés que ha causado un único libro, un proyecto, una serie o incluso una única fotografía y con ello me apercibí de que no tiene sentido disparar, almacenar y mostrar en plataformas digitales de una forma constante ya que estas acciones no generan cultura, tampoco identidad y muchísimo menos arte fotográfico, pero sin embargo generan un gran ruido, un gigantesco enjambre de basura fotográfica con la que se ensucian nuestros sentidos.

En el 2020 me apercibí de que ya no me gusta mostrar mis fotografías en medios digitales, que la felicidad de mostrarlas solo me llega cuando las descubro ante unos pocos en soporte físico como si se tratase de entregar el tesoro más valioso de mi secreto. Por eso si te regalo una fotografía impresa piensa que te estoy entregando una porción de aquello que yo más admiro y que a la vez forma parte de mí ser.

En el 2020, también más que en ningún otro año anterior, me apercibí del placer del descubrimiento, de la exploración, del estudio y de la admiración de la obra de otros y comprendí que ahí está mi pasión que incluso es mayor que la del acto de fotografiar.

En el 2020 decidí iniciar mi cuenta a cero para ir abandonando los escenarios musicales. Y es que me encuentro absolutamente desencantado con la actitud de algunos artistas a quienes respetas hasta la saciedad, porque el respeto ha de ser la base colaborativa entre músico y fotógrafo, y sin embargo tanto ellos como su entorno intentan poner todos los medios posibles por complicar la labor del fotógrafo con faltas constantes de respeto cuando precisamente el fotógrafo es una parte fundamental en su proceso de marketing artístico e incluso esa especie de enfermedad que parecen padecer y que se denomina “falta de memoria” o “¿dónde estabas en los malos tiempos?”. Y aún mucho más desencantado, siendo lo que realmente más me ha influido en ésta decisión, con el fenómeno “fan-ático-“, porque preciosa palabra es FAN y abominable cuando se la suma el sufijo del abuso y se transforma en FANÁTICO.

En el 2020 comencé a planear un crimen para que sea lo más “imperfecto” posible y pase totalmente desapercibido. Y hablo de planificar un crimen porque no tengo muy claro si se tratará de un suicidio, una eutanasia, un magnicidio o un asesinato, pero en todo caso siempre será un crimen… y es que “elreylagarton”, ese ente que me acompaña como segunda piel desde tiempos inmemoriales, y que a pesar de ellos aún casi nadie se ha percatado de que se escribe todo junto y no como “el rey lagartón”, debe morir porque su peso me está limitando y a la vez consumiendo como se consume una estrella hasta llegar a explotar convertida en supernova.
y es que en el 2020 comprendí que quiero ser un anónimo y si hay que matar se mata, aunque matar sea morir a la vez.

En el 2021 haré de nuevo lo que me salga de las tripas.

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