By La Lagartoneta 16 marzo, 2021 In

El alumbramiento y primeros pasos de vida

¡Hola!, por fin estoy viva y aquí con vosotros.

Ya he llegado a este mundo ante la cara mitad incredulidad mitad alegría indescriptible de mi familia. En ese momento el mundo parecía haberse detenido, todo era alboroto, todo era sonrisa, todo era emoción y yo era la incuestionable protagonista. La Lagartoneta acaba de llegar a la vida de esta familia con la clara intención ya desde recién nacida de poner sus vidas y destinos patas arriba.

El primero de los días no quisieron molestarme mucho y permitieron que descansara en el plácido lecho de mi aparcamiento, aunque las visitas se sucedían una tras otra. Yo escuchaba voces de bienvenida y comentarios de enhorabuena, notaba como sobre mis paredes se posaban miradas indiscretas y de vez en cuando mi familia abría esa puerta que lleva a mi interior y mostraba mis adentros a alguna otra persona.

Cayó la noche, escuché decir no se qué de un toque de queda que limitaba la vida a las 22 horas y todo el rumor y ajetreo anterior desapareció.

Y así pasó el primero de mis días, el día de mi alumbramiento, el día de mi bienvenida y mejor hallada a esta familia.

Al día siguiente, y con las primeras horas del día, regresó la actividad en mi entorno. Me lavaron tanto por dentro como por fuera, pero sobre todo fueron más escrupulosos por dentro y hablaban de limpiar a fondo por si había algún virus de COVID-19 (que no sé lo que es). Una vez limpia procedieron a llenar mis interiores de ropa de cama, de útiles y comida. Yo les notaba nerviosos, casi rozando la agitación.

Descansé otro buen rato y a primera hora de la tarde comenzamos a movernos. En mi cerebro electrónico había introducido unos datos que gobernaban mis movimientos y me hacían decidir hacía que lado debía de avanzar. Claro está que como soy recién nacida yo avanzaba con prudencia y lo hacía a gatas puesto que aún no sé caminar erguida, aunque presiento que no tardaré mucho en hacerlo.

Aproximadamente una hora más tarde llegamos a nuestra primera parada en los alrededores de la San Vicente de la Barquera -de la que una canción dice que “es la más bella de las Villas marineras”-, estábamos en el aparcamiento de su playa y mis faros por primera vez veían el mar -esto fue una sensación indescriptible para mí- y algo me dice que el mar va a estar muy presente en la vida de acompañamiento a esta, mí, familia.

La familia se fue a dar un paseo por la arena de la playa y sin perderme de vista en ningún momento. No tardaron en regresar, los sensores de mi cerebro informaban que en el exterior hacía frío y sin embargo mi interior era mucho más acogedor. La familia se acomodó, sacaron 2 copas de fino cristal, abrieron una botella de vino y brindaron tanto por mí como por ellos -esta familia entiende de vino y para este primer brindis optaron por un Mencía de Cepas Viejas llamado Século-.

Poco a poco las luces brillantes de la tarde fueron perdiendo intensidad y fue llegando el ocaso, momento éste en que la familia decidió desplazarse hasta otro lugar más apropiado para pasar la noche teniendo la fortuna de encontrar una estupenda plaza de estacionamiento en pleno paseo marítimo de San Vicente de la Barquera y allí bajo el cobijo de la población -era la 1ª noche en autocaravana- y el ronroneo del mar nos dispusimos a descansar hasta el día siguiente.

  • Buenas noches familia -bostezando-
  • Buenas noches Lagartoneta -euforia-

La familia duerme bien, incluyo diría que la familia duerme más que bien…

¡Ya es de día!. En el exterior se percibe mucho ajetreo. La familia se despereza, se asea, se viste. La familia abre con timidez por primera vez las opacas cortinas oscurecedoras de mis ventanas. En el exterior algarabía, a escasos metros se encuentra el mercadillo activo. Frutas, quesos, dulces, voces de vendedores ofreciendo sus productos, en el interior la familia desayuna sin prisa, por las ventanas son espectadores de primera fila de la vida local a un lado y de la inmensidad del mar al otro. Los escucho comentar que vivir es un lujo, pero que vivir así no tiene precio. ¡Son felices!.

Ya han desayunado. Pegan un salto y salen fuera de mí, poco a poco se van alejando pero antes de perderse entre las calles y sus gentes a cada poco miran para atrás y me sonríen, yo contesto guiñando un faro, id con Dios les digo desde la distancia. La familia ya conocedora de “la más bella de las Villas Marineras” recorre su paseo marítimo y luego se adentra en sus vetusto barrio medieval, pasan bajo el Castillo y calle arriba continúan hasta sobrepasar la iglesia para disfrutar de esas apreciadas vistas de postal de las aguas de Brazo Mayor vigiladas desde las alturas por los imponentes gigantes de los Picos de Europa.

Vista del puerto de San Vicente de la Barquera
Subida al Castillo de San Vicente de la Barquera

Al regreso, como no podía ser de otra manera, la familia visita el mercadillo y como buenos viajeros gourmet compran queso azul de Cantabria -el que madura en cueva- y, para no cambiar de color, tomate de la variedad azul para degustar en la comida una exquisita ensalada.

La familia vuelve a mí, yo les recibo con los brazos abiertos -quiero decir mis interiores abiertos- y juntos decidimos reanudar la marcha y buscar otro lugar en donde pasar el día.

Saliendo de San Vicente de la Barquera por la N-634 en sentido Este y tras cruzar el longevo puente de acceso a la Villa marinera, dejamos atrás la nacional y nos desviamos a la izquierda por la CA-236 durante un trayecto de poco más de 2 kilómetros hasta llegar a la playa de Gerra.

El aparcamiento es llano y tiene suficiente espacio como para albergar un buen número de vehículos. Por unanimidad todos hemos decido hacer escala aquí, a pies del Cantábrico, al borde del mar -afortunados somos por tenerlo tan próximo a nosotros-.

La familia se abriga y sale de mi interior. Nada más poner un pie en tierra la presencia de una patrulla de Guardia Civil les informa con gesto amable y amigo de varias cuestiones:

1.- No hay ningún inconveniente en estacionar en el lugar, ni en pasar la noche en tan bello paraje.
2.- No recomiendan perder de vista el vehículo puesto que delincuentes desalmados, a quienes ellos persiguen para detenerlos, están realizando robos en los vehículos estacionados.
3.- Si se opta por pasar la noche en el lugar, tomar medidas de precaución y en medida de lo posible no ser lo únicos allí, sino que formar núcleo con otros vehículos para por fortaleza disuadir al enemigo de lo ajeno.

La Guardia Civil saluda, la Guardia Civil se va, la Guardia Civil vigila desde la distancia y vela por la seguridad del ciudadano.

La Lagartoneta en el parking de la playa de Gerra

El paseo no fue muy extenso, soplaba con fuerza viento gélido de poniente y la familia regresó al cobijo de mis adentros dedicándose a leer, mirar por las ventanillas, sestear cual ovejas y comer. Poco a poco el día fue agitándose tanto en viento como en oscuridad y pudimos contemplar la espectacularidad de la puesta de sol saltando los anaranjados rayos de sol entre la blanca espuma que se formaban con el bravo agitar del oleaje. Tras esto la familia continuó leyendo, mirando por las ventanillas, sesteando como ovejas y cenaron.

Ya para entonces aquel parking de la playa de Gerra era una pequeña comunidad de autocaravanistas en la que la sociedad surfista era mayoritaria. Unos con otros se cobijaban y se convertían en fortaleza.

El exterior violento, el interior acogedor

Cayó la noche en toda su intensidad, el mar se convirtió en amenazante griterío de gigante y las olas alargaban sus dedos casi hasta los cristales de los vehículos. El sueño fue muy intermitente, la voz ronca del mar junto a la agitación de los brazos de Eolo provocaban sacudidas en mi estructura y con ello la vigilia de la familia. Creo que al final por puro agotamiento bajaron sus defensas y se quedaron dormidos hasta eso de las 9 de la mañana despertándose en un nuevo, gris y agitado día.

Con esta situación atmosférica la familia decidió llevarme a pasear a nuevas geografías -siempre sin salir de Cantabria por algo que ellos llamaban “cierre perimetral por pandemia” y caminando poco a poco, con este VIAJAR PAUSADO llegamos hasta una de las zonas más recónditas de la región: El Valle del Nansa. Introduciéndonos en sus sinuosas y bien asfaltadas carreteras que parecen ser la alfombra roja con la que las escarpadas laderas te dan la bienvenida y marcan el rumbo del viaje al corazón de Cantabria. El viaje finalizó en Tudanca, bella población montañesa edificada en piedra y madera en lo más profundo del Valle que el rio Nansa, gota a gota, ha erosionado.

Hotel Venecia en Pesues
Como Venecia sin agua

El paseo era obligado, la familia salió al exterior y recorrió la población tomando nota de su encanto y recordando pasajes de la celebre novela del escritor José María de Pereda y que bajo el título Peñas arriba se desarrolla en estos parajes

Valle del Nansa

“…Al cerrar la noche de aquel día sólo quedaban del temporal unos rumores lejanos e intermitentes, a manera de jadeo de su cansancio después de una brega feroz y continua durante semana y media. Con este motivo fue la tertulia algo más animada que las anteriores últimas, y hasta el patriarca presidente de ella parecía otro por lo parlanchín que estuvo y lo espabilado de humor. Bien conocía yo la causa del milagro…”

Párrafo de Peñas Arriba del escritor José María de Pereda

Tras el paseo la familia dio por finalizado el viaje y todos juntos iniciamos el regreso al hogar sin ruedas que dejamos en la otra punta de Cantabria.

Aún debíamos de hacer algo importante antes de llegar a nuestro punto final y era depositar en el lugar adecuado toda aquella basura y/o excremento tanto sólido como líquido que hubiéramos generado durante este fin de semana. En un primer momento decidieron acercarse al área de autocaravanas de Cabarceno en donde dado el estado en que se encontraba el punto de descarga no pudieron depositar las aguas grises y negras, pero la familia aprovechó para comer y sestear de cara al bonito lago que allí se encuentra. Una visita hasta los muros del parque de la naturaleza para atisbar en la distancia la fauna africana que esa zona alberga y ponerse de nuevo manos en la obra en el tema de los desechos de residuos, eligiendo para ello el área de autocaravanas de Castillo que dada su proximidad con el punto de retorno les pareció adecuado -aquí las aguas grises y negras pudieron entrar al submundo por el lugar adecuado con corrección, comodidad y limpieza-.

El fin de semana había acabado, la familia ya estaba en su hogar sin ruedas, yo en garaje descansado y dándome cuenta que la aventura no había hecho más que comenzar. Tanto la familia como yo misma, La Lagartoneta -como me gusta el nombre que me han elegido-, ya deseábamos iniciar un nuevo VIAJAR PAUSADO…

Mapa del viaje

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J.Manuel Sánchez elreylagarton

Su pasión incondicional por la fotografía, el arte y la cultura le ha llevado a formarse como fotógrafo social, musical y de eventos, además de realizar exposiciones individuales y colectivas y a colaborar con diferentes medios de comunicación y agencias, que han publicado muchas de sus fotografías.

Retratista de la realidad que le rodea. Ambicioso, atrevido y fiel a su forma de entender la vida.

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