Juan… El titiritero

El otro día escribí de María, mi sobrina… y aunque no lo olvidé, en ese momento no escribí de Juan.

Juan ya es grande (esto le encanta escuchar) y por supuesto Juan como hermano mayor es el protector de María.

Definir a Juan es hablar de cariño hasta el punto de ser más dulce que las gominolas que devora. También podemos decir que este niño es el perfecto pelota y adulador que todos queremos tener a nuestro lado y por ello su frase preferida es : “ … Te quiero mucho más”.

Juan desde su nacimiento está marcado para ser un pillo profesional y un guasón con clase A+, no en vano nació un 28 de diciembre.

… y no quiero seguir adjetivando a mi sobrino, así que dejo unas líneas más con un cuento corto que he encontrado por la red y que me pareció bastante apropiado para él (que me perdone el autor por haber cambiado en nombre al protagonista).

  

¿Sueño o Ilusión?  By Tomi M. De La Torre

 Había una vez un niño que se llamaba Juan. Era un niño normal, aunque no del todo. El no dormía. Nunca dormía. Y por su culpa, llamamos Ilusiones a los sueños y sueños a las ilusiones.
Antiguamente, las ilusiones sólo las teníamos estando despiertos y los sueños mientras dormíamos.
Pero sucedió una gran tragedia.
Como Juan no dormía nunca, el Sueño estaba enfadado. Todas las noches, se quedaba a vigilar al lado de la cama del niño, esperando que diera una cabezadita y poder meterse dentro de él. Pero pasaban los días y el niño no se rendía jamás. La Ilusión veía a Sueño a través de los ojos de Juan y se mofaba de él.
-Soy más fuerte que tú, Sueño. Vete a buscar otro niño.
-No me moveré de aquí. Finalmente tendrá que dormir y entonces me apropiaré de él y no te volveré a dejar entrar.
Pasaba el tiempo y el sueño seguía expectante, vigilando a Juan día y noche. Hasta que un día, ocurrió. La gran tragedia.
La Ilusión, cansada de haber trabajado mucho ese día, decidió sacar la cabecita para respirar un poco de aire fresco, y el Sueño, que estaba alerta, la vio. Sin pararse a pensar, la cogió por los pelos, y tirando de ella, la sacó del cuerpo de Juan, quedando éste dormido al instante.
Cuando se liberó de la mano del Sueño. la Ilusión ya no pudo volver a entrar, porque Juan dormía profundamente.
-¡¡¡¡Ríete ahora, Ilusión tonta, ríete!!!! Ahora me toca a mí.- Y se abalanzó sobre el niño. Pero la Ilusión, furiosa, se interpuso entre ellos y cogiendo al Sueño, se embarcaron en una feroz pelea.
Cada golpe que daba uno, era devuelto por el otro. Todo estaba muy igualado. Cualquiera de los dos podía ser el vencedor. Entonces, los golpes comenzaron a encrudecerse y de repente, debido a esos golpes, la Ilusión y el Sueño, mucho más frágiles de lo que ellos mismos pensaban, comenzaron a despedir diminutas estrellitas de colores. Millones de estrellas con luces brillantes. Después destellos de luces fluorescentes. Cada vez más estrellitas, más luminosas, más resplandecientes. Y poco a poco el Sueño y la Ilusión se fueron deshaciendo, convirtiéndose en destellos luminosos y mezclándose, sin remedio, por los siglos de los siglos.
Desde ese día, confundimos el Sueño con la Ilusión. Soñamos estando despiertos y soñamos con nuestras ilusiones.
-¿Y tú? ¿Sabes cuándo lo que tienes es un sueño o cuando una ilusión?
Porque yo, aún, lo intento averiguar.

 

 

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