Cuaderno de bitácora de las aventuras y desventuras de un pejino en MADRIZ… Capítulo I

               Habiendo yo salido a pasear por la capital de nuestra Cantabria, esa que también llaman la capital de la montaña y se conoce por Santander –quiero decir que hasta ella llegué nadando aprovechando el nuevo puerto de Laredo y zambulléndome en sus aguas tras un mal resbalón que di en la Atalaya…-, al grano que me despisto. Decía que estaba paseando por Santander para que con su brisa se me secara la ropa –el resbalón en la Atalaya me pilló vestido-, de pronto algo en mi interior me hizo pensar que la tierra no puede ser tan grande como dicen y que pocas más cosas habrá que superen en tamaño a la Playa Salvé de Laredo y como soy frágil de pensamiento y cabezota hasta los pies, hice que los mismos –pies- se pusieran en marcha para caminar en sentido sur, tierras adentro y ver hasta dónde podría llegar sin ver el agua. Total que camina que te camina, un pie delante, el otro detrás, un poco de charla conmigo mismo y otra poca más con mi misma sombra, cuando quise darme cuenta me encontré ante un edificio con una placa que decía: “KILOMETRO 0”.

               Cojones!, pensé a mis adentros, debo de estar lejos porque se ha acabado la carretera, después del cero ya no hay nada en mis matemáticas conocidas. Y ante esta situación no me quedó más huevos que preguntar el cómo se llamaba este lugar. Tras parar a una docena de personas para que resolvieran mi duda -6  no pararon, 5 hablaban en lenguas que no entendí y 1 me dijo: “usted está en MADRIZ!”.

               JOPETÁS!, estoy en Madriz, en el Madriz de Sabina, en el que Sabrina enseñó una teta en Nochevieja, en el Madriz de Cervantes, de Calderón, de Pepito, de Manolito, de Andrés y de ZP!. Ésta oportunidad no la podía dejar pasar, tenía que investigar, explorar, recorrer, reconocer y aprender, …, Madriz de los Austrías y de los Borbones, cuántas veces oí hablar de ti y ahora en ti estoy!.

               Pues al grano de nuevo, que me vuelvo a ir por las ramas y de eso aquí hay poco, porque a decir verdad, campo lo que se dice campo, apenas he visto. Algún árbol por las calles y todos tristes. Estresados del humo y de los ruidos de Madriz.

               Desde el portal en donde figuraba el centro del universo –ese kilometro cero- pude constatar que las personas, cual rebaños de tudancas, se introducían por unos agujeros que asomaban en mitad de las aceras y desaparecían en las entrañas de la tierra. Soy curioso y arriesgado, así que me aproximé a uno de estos pestilentes agujeros y aprovechando el paso de un humano como yo –quiero decir del mismo color, porque aquí he visto ya muchos colores- me introduje en esas profundidades con la idea de que se trataba de una mina en la que se trabajaba con ropa de domingo ya que por lo general la gente no va vestida de buzo de trabajo como en nuestros campos de Cantabria y llevan ropas elegantes en ocasiones y en otras muy llamativas.

               Según iba adentrándome más en las profundidades la cosa se iba poniendo más fea, la gente iba acelerando el paso, aumentaban la velocidad de la marcha y parecían poseídos por algo que les llamaba desde las profundidades. Ni siquiera movían los pies, un suelo metálico, como de hojalata les propulsaba por rampas hacia esos adentros. Me acojoné, quise salir y no pude, cuando más deprisa yo caminaba hacia arriba, buscando la salida y el cielo, más notaba el que no avanzaba, algo lo impedía y no era otra cosa que ese suelo de metal que también me arrastraba a los confines de la tierra, a un inframundo o quizás al mismísimo infierno azufrado.

               En un despiste de ese suelo de metal, salté con la suficiente fuerza como para liberarme de ello y poder presenciar el terror, el mal, el demonio en forma desconocida para mí… y es que allí, en esas profundidades de la tierra vivían unos monstruos que a intervalos y tras una veloz carrera, paraban en seco, abrían unas feas bocas en sus barrigas y se comían a las personas!, para de nuevo cerrar las fauces y salir a toda pastilla a ocultarse en sus oscuras madrigueras.

               Mon die!, he de salir de aquí antes de que sea demasiado tarde!…

               —-CONTINUARÁ —-

 

 

               PD.- Perdonar la calidad de las fotos en esta ocasión. Viajo con una muy vieja cámara, 2 lentes fijas de 50 y 28 mm de enfoque manual y un pc que no permite la edición y postproducción fotográfica…

 

               –Sigo en Madriz buscando el mar—

 

 

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2 respuestas a “Cuaderno de bitácora de las aventuras y desventuras de un pejino en MADRIZ… Capítulo I”

  1. Pues sigue buscando, que seguro que pronto lo encontrarás…………..el lago del Retiro, no te vale? jeje, saludos desde la costa santanderina.

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